28 de marzo de 2013

Nuestras primeras navidades.

En navidades Claudia estuvo constipada. Lloraba porque no podía respirar y se ahogaba mientras dormía. Mi casa estaba entera adornada y a Claudia le encantaba. Ponía unos ojos enormes con las luces de navidad del árbol  y cuando me ponía a jugar con ella con las guirnaldas le encantaba.
En nochebuena al ser tan pequeña y prematura no podíamos sacarla de casa y meterla en ambientes con mucha gente porque tanto estímulo era malo para ella, a sí que la pasamos en casa solos. Eso sí, nos divertimos a lo grande. Mi hermana se disfrazó de angelito y Claudia y yo de Mamá Noel. El traje le estaba enorme y eso le hacía estar más graciosa. Fueron las primeras fotos que nos hicimos en familia y noté lo felices que estábamos todos gracias a ella. Papá Noel le trajo un sonajero, su segundo juguete. Mi madre ya le compró al darla el alta un móvil de peluche que si pulsas las teclas suena.

1 mes: Nueva rutina.

Las primeras semanas que Claudia estuvo en casa fueron muy bonitas, pero también muy complicadas. Fue muy difícil acostumbrarme al ambiente de un bebé. Me dolía no haber pasado con ella su primer mes de vida y que lo hubiese pasado ella sola en el hospital, pero ahora que la tenía conmigo aprovechaba al máximo el día para estar con ella.
Mi hermana estaba constipada cuando Claudia llegó a casa a si que la obligaba a estar distanciada de ella o con una mascarilla, me volví muy tiquismiquis sinceramente.
Los primeros días fueron muy agobiantes, tuve que acostumbrarme a la nueva rutina, y el tener que hacer todo el papeleo de inscribirla y estar de un lado para otro cuando la noche anterior apenas había dormido nada.
Claudia recibió el alta precoz porque sólo pesaba 2,175, para tener el alta definitiva necesitaba los 2,200. En dos días lo superó, pero teníamos que permanecer dos semanas sin salir de casa con ella y recibiendo visitas de una de las enfermeras para pesarla. Pasadas las dos semanas la dieron el alta definitiva.

27 de marzo de 2013

Vuelta a casa, esta vez con ella.

Me costaba mucho despedirme de Claudia cuando me volvía a casa, pero ahora sabía que quedaba muy poco para volverme con ella. En el horario médico siempre aparecía la "B", de dado por boca, y cuando estaba yo también le daba el biberón. Eran biberones chiquitísimos, y aunque le costaba bastante tomárselos se los tomaba bien, sin vomitar ni nada.
El 10 de diciembre una enfermera se acercó mientras le estaba dando de comer y me dijo: "Pues ya come bastante bien", se puso a mirar el horario médico, vio que se lo tomaba todo por boca, y dijo: "Mañana para casita, eh". Sonreí, sonreí muchísimo. Nunca unas palabras me habían alegrado tanto, esa frase marcó un antes y un después.

Ingreso de Claudia en el hospital. Intermedios.

En la sala de Intermedios no están los niños graves, sólo los que necesitan engordar y aprender a comer por boca, aunque allí era todo distinto. En la UCI eran las enfermeras quienes cambiaban a los bebés, los daban de comer, los vestían, etc. Aquí lo tenías que hacer todo tú.
Ya no estaban en incubadoras, estaban en camitas de hospital para bebes, la suya era la 206, ubicada en Intermedios box I.
La primera vez que cambié un pañal parecía un pato, me morí de vergüenza, no sabía cómo coger a mi hija ni cómo ponerle el pañal al estar rodeada de tanto cable y ser tan pequeña.
Allí van vestidos por primera vez con bodys o camisetas del hospital, eso sí, la primera vez que puse un body no encontraba ni los corchetes, y las camisetas se las ataban por detrás con esparadrapo y ella siempre acababa quitándoselas. También nos dejaban ponerla ropa suya traída de casa, siempre y cuando no sea blanca (para que no se mezcle con las sábanas y la echen a la basura o a lavar sin querer y se pierda). La primera vez que la vi vestida con su propia ropa bonita de colores me hizo muchísima ilusión. Todo le estaba enorme, levaba las mangas y calcetines remangados, pero estaba preciosa. Ahora esa ropa me trae muchos recuerdos.

26 de marzo de 2013

Ingreso de Claudia en el hospital. La UCI.

Estuve 3 días ingresada en el hospital, me dieron el alta un jueves por la mañana, pero cuando salí de allí me sentí vacía, me faltaba algo, me faltaba ella... No podía estar en casa sabiendo que Claudia estaba tan lejos de mi sin saber cómo estaba.
Cada día me levantaba a las 10 de la mañana, me cogía el tren, el metro, y me iba a verla sola, con mi mochila donde me metía un bocadillo, dinero, el móvil, una bata, un sacaleches y biberones para ella llenos de mi leche. Tardaba 1 hora en llegar e iba siempre con una sonrisa enorme y ganas de verla. A las 7 de la tarde venía mi padre a buscarme, por lo que me tiraba todo el día allí.
El primer día que vi a Claudia me dio muchísima impresión verla tan pequeña en una incubadora rodeada con toallas para simular el útero y darla calor. Cuando me dejaron cogerla por primera vez parecía que se me iba a colar por debajo del brazo, era delgadísima y frágil. Ni siquiera tenía pezones ni pestañas. Estaba rodeada de cables y me daba miedo que al cogerla se quedase enrollada en ellos o desenchufase algo que no debía tocar.
Ya no tenía la mascarilla de oxígeno puesta, sólo la había llevado 9 horas, había sido capaz de hacer frente al mundo exterior ella sola, me sentí orgullosa en ese momento. Sabía que mi hija iba a ser una niña muy fuerte.
Claudia la primera semana no era capaz ni de abrir los ojos, pero sí era capaz de sonreír, algo que no ha parado de hacerlo desde que nació. Una sonrisa suya nos daba a todos fuerzas para seguir adelante.

"¡Rápido, una ambulancia, la niña ya viene!"

El 9 de noviembre fue mi cumpleaños. Cumplía 16 años y 7 meses y medio de embarazo.
El día 12 de noviembre por la tarde sobre las 17:00 me vinieron dolores en los riñones y empecé a sangrar unos hilitos de sangre. Se lo dije a mi madre y con suerte estaba mi padre de vacaciones, así que nos llevó al hospital. 
Eran las 17:30 cuando me metieron en una habitación, me tumbaron en una camilla y me pusieron las correas para ver las pulsaciones de Claudia. Me dijeron que probablemente sería una infección de orina, muy común entre las embarazadas a final de su embarazo.
Mi madre estaba conmigo, y mi padre y mi hermana en la sala de espera. Cada 10 minutos más o menos notaba dolores en los riñones que duraban unos 10 segundos. Se lo decía a mi madre y me decía entre risas: "Si estuvieses de parto no te podrías ni mover"
Veíamos por los pasillos mujeres que estaban de parto y al lado de mi camilla había un potro donde se realizaban los partos y me imaginaba con miedo y con ganas el día que llegase el mío.


25 de marzo de 2013

Un embarazo de un mes.

Todos los jueves cumplía una semana más de embarazo, y las primeras semanas después de enterarme de mi embarazo fueron horribles. No quería creérmelo, no podía estar pasándome a mi. Siempre vemos casos de chicas jóvenes que se quedan embarazadas y pensamos lo duro que debe ser para ellas, pero jamás se nos pasa por la cabeza que nos puede ocurrir también a nosotras, hasta que nos pasa.
Mi hermana pequeña estaba tan contenta, parecía que los reyes le iban a traer una muñeca nueva. Mi familia se pasaba todo el día pendiente de mi, me querían, y nos apoyaron a todos, sobretodo a mis padres, les ayudaron muchísimo y ellos me ayudaban a mi.
Yo seguía haciendo mi vida normal. Iba al instituto, sacaba buenas notas, hablé con mi tutora sobre mi embarazo y a mis compañeros les dije que tenía una contractura en la espalda y no podía hacer gimnasia. Por el momento no quería que nadie, excepto mis amigas más intimas, se enterasen de mi embarazo, me ponía camisas anchas y, aunque día a día la tripa se iba a notando más y ya era muy difícil esconderla, no quería que lo supiesen. Pasé varios cursos donde llegué a recibir cientos de insultos y pensaba que si se enteraban de que estaba embarazada me harían la vida imposible. Meses más tarde cuando todos se enteraron de que había sido madre su reacción fue todo lo contrario, me apoyaron e incluso muchas de las personas que me estuvieron insultando cursos atrás, me pidieron perdón.
Entre que mi tripa era pequeñita, mi conocimiento de que estaba embarazada apenas duró unas semanas, y me ponía ropa ancha, no pude lucir nada de tripa, y sinceramente me habría encantado.

"Estás embarazada"

Ya va a hacer un año desde que empezó Claudia a formarse dentro de mí. Fue en semana santa cuando mi vida cambió por completo y yo aún no sabía nada, hasta seis meses después.

-En abril, exactamente entre el 5-8 de este mes me quedé embarazada. No usé protección, simplemente realicé la marcha atrás creyendo que así no podría quedarme embarazada, pero me equivoqué
-En mayo yo vi normal que la regla no me bajase, estaba muy agobiada con los exámenes, y yo era una persona muy irregular que en cuanto pasaba por una época de estrés o cambios no le venía la regla.
-Todo iba normal hasta que llegó junio. Empecé con los síntomas de embarazo (pechos sensibles, dolor de ovarios, de riñones, ganas de ir al baño con más frecuencia, etc) y como son muy parecidos, por no decir los mismos, que los premenstruales pensaba que no iba a tardar mucho en venirme la regla.
No había día que no me levantase vomitando, que no fuese al instituto y tuviese que salirme porque me mareaba y me entraban sofocos. Había un suavizante que no podía ni olerlo, me ponía malísima, encima era el que usaba mi madre. Tampoco podía comer cierta comida como el huevo o las albóndigas, las vomitaba. Ahí fue cuando mi madre empezó a preguntarme y a sospechar sobre si podría estar embarazada. Obviamente, yo con miedo se lo negaba, pero también empecé a sospechar y con ello vinieron todos los miedos de un posible embarazo, tan solo era una niña de 15 años.
Decidí hacerme un test de embarazo a mediados de Junio (yo estaba embarazada de más de 2 meses) y dio como resultado NEGATIVO. Me temblaban las piernas cuando tuve ese test entre mis manos esperando ver el resultado, pero después de ver el negativo me tranquilicé. Después de esto descarté toda posibilidad de embarazo, pero como yo seguía con vómitos mi madre me llevó al médico. Me palpó la tripa, me preguntó qué síntomas tenía y me dijo que tenía GASTRITIS y que todos esos vómitos eran a causa de los nervios de los exámenes finales. Una gastritis que acabó teniendo nombre y apellidos...
Una semana más tarde tuve una amenaza de aborto, estuve sangrando durante dos semanas. Al principio con bastante sangre y con coágulos, después era como suciedad. Yo, inocente, pensé que era la regla y tanto a mi como a mi madre se nos quitaron todos los miedos.

Bienvenidos.

Me llamo Lydia, Lidia, o como queráis escribirlo. Actualmente tengo 16 años, nací el 9 de noviembre de 1996, y como ya os habréis dado cuenta, soy madre adolescente. Mi hija se llama Claudia, es prematura, nació el 13 de noviembre del 2012 a las 2:00 am y es lo mejor que me ha pasado en toda mi vida.
Muchos os preguntaréis el por qué de este blog. Algunos habréis llegado hasta él por mis redes sociales, y otros gracias a google. Escribo este blog para que veas lo que es el día a día siendo madre adolescente sin programas televisivos que sólo enseñan lo que les interesa. Os enseñaré las partes buenas y todas las partes malas que tiene el ser madre adolescente y todo lo que ello conlleva. Quiero demostrar que esto no es un camino de rosas, pero que quien quiere, puede, y yo por mi hija hago lo que haga falta con tal de hacerla feliz. 
Sé que hay muchísimas chicas que son madres, están embarazadas, o creen estarlo, y lo que más necesitan ahora es una persona que haya pasado por lo que ella está pasando y les dé ánimos para salir adelante.
Si estás leyendo esto seguramente se te estarán pasando miles de pensamientos por la cabeza, como por ejemplo:
-Si es muy joven para tener una hija, se ha arruinado la vida.
-Yo en su lugar habría abortado o lo habría dado en adopción.
O por lo contrario comentarios como:
-Yo no habría sido capaz de aguantar todo lo que ella ha aguantado.
-Estoy en su misma situación y no sé qué hacer.
Etc.
Podéis opinar todo lo que queráis, seguramente en vuestra posición también pensaría lo mismo que podéis pensar vosotros, pero ahora que sabéis mi historia, que sabéis todo lo que he tenido que pasar tanto yo, como mi hija y mi familia, ahorraros los comentarios negativos. Un hijo jamás te arruina la vida, solo te la cambia y como veis, yo sigo siendo feliz, de hecho soy más feliz que nunca y sigo haciendo mi vida normal.
No dudéis en dejar comentarios cada vez que queráis, y si queréis que escriba u os cuente algo en especial sólo tenéis que decírmelo y yo lo haré encantada.

Gracias a todos.