27 de marzo de 2013

Ingreso de Claudia en el hospital. Intermedios.

En la sala de Intermedios no están los niños graves, sólo los que necesitan engordar y aprender a comer por boca, aunque allí era todo distinto. En la UCI eran las enfermeras quienes cambiaban a los bebés, los daban de comer, los vestían, etc. Aquí lo tenías que hacer todo tú.
Ya no estaban en incubadoras, estaban en camitas de hospital para bebes, la suya era la 206, ubicada en Intermedios box I.
La primera vez que cambié un pañal parecía un pato, me morí de vergüenza, no sabía cómo coger a mi hija ni cómo ponerle el pañal al estar rodeada de tanto cable y ser tan pequeña.
Allí van vestidos por primera vez con bodys o camisetas del hospital, eso sí, la primera vez que puse un body no encontraba ni los corchetes, y las camisetas se las ataban por detrás con esparadrapo y ella siempre acababa quitándoselas. También nos dejaban ponerla ropa suya traída de casa, siempre y cuando no sea blanca (para que no se mezcle con las sábanas y la echen a la basura o a lavar sin querer y se pierda). La primera vez que la vi vestida con su propia ropa bonita de colores me hizo muchísima ilusión. Todo le estaba enorme, levaba las mangas y calcetines remangados, pero estaba preciosa. Ahora esa ropa me trae muchos recuerdos.


En esta sala podías coger a tu bebe cuando quisieras y no hacía falta que pidieses permiso a las enfermeras. Como comprenderéis, yo me pasaba todo el día con mi hija en brazos. Aún seguía con la sonda puesta, cosa que me molestaba bastante porque yo veía a todos los niños comiendo de biberón y sentía que mi hija no avanzaba.
Me hice amiga de un montón de madres y padres, y con los médicos me llevaba bastante bien, uno de ellos le puso un lazo muy mono a mi hija, lazo que mágicamente desapareció al día siguiente.
Me enseñaron a hacer el método canguro, que consiste en meter a tu bebé por dentro de la camiseta para estar piel con piel materna, como en el útero. Todas mis camisetas se acabaran dando de sí, pero me da igual, era por una buena causa y sentir a tu hijo pegado a ti como si fueseis de nuevo uno solo, es genial.
Allí también nos dejaban hacerles dibujos y ponerlos en sus camitas, y mi hermana se tiraba haciéndola dibujos todo el día.
Estaba cansada de ir al hospital cada día, de estar ahí sentada, rodeada de padres felices con sus bebés y yo sola, viendo como cada niño se iba yendo, iba mejorando, y Claudia seguía ahí, sin cambio alguno, hasta que empezaron las complicaciones. 
Pasaron de darle leche donada de otras madres a leche de fórmula (las de farmacias y supermercados). Me avisaron que muchos niños vomitan con la leche de fórmula, pero no me imaginaba que mi hija vomitaría absolutamente todo lo que comiese. A mi me ponía perdida, me tocaba cambiarla, cambiar las sábanas de su cama... Pensaba que era algo normal, hasta que se convirtió en rutina. Ella no cogía tanto peso como antes, andaba todo el rato vomitando y yo no podía más, eso hacía que me hundiese, quería irme a casa con ella, arrancar todos los cables que la mantenían conectada a esas horribles máquinas y salir corriendo de allí, con ella en brazos.
En esta sala había un horario médico donde cada hora ponían si había comido por sonda, por boca, si le habían cambiado el pañal, su peso, si había vomitado... Todo. Cada vez que entraba por la sala corría a verlo para ver si no había vomitado o habían probado a darle de comer por boca. Nada. Era ver una X en vómito y me ponía a llorar. Claudia no mejoraba, y al no mejorar, no probaban a darle de comer por boca.
Una tarde que salí al pasillo, me senté en el suelo, llamé a mi madre y rompí a llorar. Las enfermeras me decían: "Claudia esta hora no ha vomitado, vamos a probar a darle luego la comida por boca", pues nada, acababa vomitando y mis ilusiones se destrozaban. No podía más. Me esforzaba para que mi hija no vomitase, me leí páginas de internet para evitar los vómitos, y con mucha fuerza y paciencia, lo conseguí. Empezaron a darle la comida por boca, acababa vomitando, se lo volvieron a dar por sonda... Hasta que poco a poco dejó de hacerlo. El 4 de diciembre fue el primer día que comió todo por boca y no vomitó absolutamente nada.
Ella muchas veces se cogía de la sonda y se la arrancaba. Hasta que un día una enfermera dijo: "No hace falta que se la pongamos de nuevo, vamos a ver cómo va comiendo por boca". Parecía que Claudia quería irse a casa, y gracias a eso las cosas empezaron a ir mejor.

Intentaba no ilusionarme, ya me había pasado muchas veces el irme a casa viendo a Claudia sin la sonda, volver al día siguiente y verla con la sonda de nuevo. Pero esa vez que Claudia se la quitó, fue distinto. 

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