26 de marzo de 2013

"¡Rápido, una ambulancia, la niña ya viene!"

El 9 de noviembre fue mi cumpleaños. Cumplía 16 años y 7 meses y medio de embarazo.
El día 12 de noviembre por la tarde sobre las 17:00 me vinieron dolores en los riñones y empecé a sangrar unos hilitos de sangre. Se lo dije a mi madre y con suerte estaba mi padre de vacaciones, así que nos llevó al hospital. 
Eran las 17:30 cuando me metieron en una habitación, me tumbaron en una camilla y me pusieron las correas para ver las pulsaciones de Claudia. Me dijeron que probablemente sería una infección de orina, muy común entre las embarazadas a final de su embarazo.
Mi madre estaba conmigo, y mi padre y mi hermana en la sala de espera. Cada 10 minutos más o menos notaba dolores en los riñones que duraban unos 10 segundos. Se lo decía a mi madre y me decía entre risas: "Si estuvieses de parto no te podrías ni mover"
Veíamos por los pasillos mujeres que estaban de parto y al lado de mi camilla había un potro donde se realizaban los partos y me imaginaba con miedo y con ganas el día que llegase el mío.



A las 9 de la noche una enfermera me dijo que no había infección, pero que me iban a mirar bien (a buenas horas...). Cuando me estaban mirando se quedaron calladas, empezaron a venir varias enfermeras, me empecé a asustar y me temblaban las piernas. Entre ellas se decían que era imposible, que era muy pronto, hasta que me dijeron que estaba de parto, dilatada de 3 cm ya. Claudia iba a nacer con 32 semanas + 4 días, sietemesina. 
Llamaron a mi madre, mi madre se lo dijo a mi padre y mi padre empezó a llorar sin parar de decir "si es muy pequeñita, no va a salir bien", refiriéndose a Claudia. Yo tenía miedo, no sabía cómo iba a salir todo, no quería que a mi hija le pasase nada. ¡Pero si hacía unas simples semanas que me había enterado de su existencia y ya iba a tenerla entre mis brazos! Todo había ido demasiado rápido.
Empezaron a venir todos mis familiares, se llevaron a mi hermana, y llamaron a una ambulancia para llevarme a otro hospital porque en el mío no atendían prematuros tan pequeños, sólo atendían prematuros de la semana 33 en adelante (¡Vaya! Por sólo 3 días). Me pusieron por vena un medicamento para intentar frenar el parto y me pusieron una inyección para desarrollar rápidamente los pulmones de Claudia. Sé que si me hubiesen mirado antes de las 9 de la noche y no me hubiesen dejado tanto tiempo abandonada en una habitación, habría sido posible frenar el parto a tiempo, pero ya era tarde y estaba muy avanzando.

A las 10 de la noche vino la ambulancia, me trataron muy bien y fueron muy simpáticos conmigo. En el camino me iban contando las contracciones. Las tenía cada 5 minutos y duraban 30 segundos. Iba en una camilla de ambulancia atada por todos lados para no caerme, con un montón de cables enganchados a mi cuerpo.

Llegamos al hospital a las 11 de la noche. Nos dieron habitación en el 12 de Octubre, un hospital de Madrid. Mis padres y familiares iban detrás de la ambulancia en sus respectivos coches, pero yo quería que mi madre viniese ya, no quería estar sola. 
Me volvieron a mirar y ya estaba de 4 cm, estaba rodeada de enfermeras que me asustaban cada vez más. Me pusieron un camisón y me llevaron a la sala de dilatación en silla de ruedas, mi habitación fue la nº 3. Seguía con las correas puestas y los medicamentos por vena. De vez en cuando mi familia se iba turnando para entrar todos a verme, se reían cuando me veían tan bien y con el móvil en la mano contándoles cómo iba todo a mis amigas, pero a la vez todos teníamos miedo de que las cosas saliesen mal
Allí las enfermeras eran buenísimas conmigo y me felicitaron por portarme tan bien: "Hay mujeres de 30 años que se quejan muchísimo más que tú", se pasaban de vez en cuando para mirarme y para darme ánimos y calmar mis nervios.
No tenía a penas dolor, supongo que sería porque mi hija era más pequeña de lo normal. Notaba unas especies de patadas fuertes y calambres en los riñones que se iban haciendo más intensas según pasaba el tiempo, pero podía aguantarlas bien.

Alrededor de la 1 de la madrugada me volvieron a mirar y ya estaba de 7 cm. -"¿Quieres epidural? -Vale". Me dolió más ese pinchazo que todo el parto, estaba muy nerviosa y tuvieron que dormirme esa zona para poder ponerme la epidural. A los minutos ya me hizo efecto, no notaba las piernas y por supuesto, ya no sentía dolor. Al rato me tuvieron que romper la bolsa con una especie de palito que terminaba en un gancho, porque yo no la rompía por mi misma. Fue una sensación extraña, parecía que me estaba meando y de los nervios pedí perdón por si acaso era lo que me imaginaba.
Pasados unos minutos ya estaba dilatada de 9 cm, estaba siendo una dilatación muy rápida. 

A la 1:50 de la madrugada dijeron que me iban a llevar al paritorio, si no recuerdo mal creo que fue el paritorio número 1, había muchísimos. Estaba temblando. Mi madre entró conmigo. 
Me sentaron en una silla parecida a la que había en el anterior hospital, por lo que di a luz más o menos sentada pudiéndolo verlo todo cada vez que me echaba para adelante para empujar. Mi madre me agarraba de la mano y cada vez que tenía una contracción me pedían que empujase. Veía como la cabecita iba saliendo poco a poco. Estaba cansada, no notaba dolor, pero sí muchísima presión en las ingles, sobretodo en la parte izquierda. Quería que saliese ya. "Un poquito más Lidia" me decía mi madre. 

A las 2:00 de la mañana del día 13 de noviembre mi hija nació, me eché para atrás agotada y me pusieron a mi hija sobre mi pecho para cortarle el cordón. La vi, era pequeñísima y tenía un llanto muy fuerte indicando que todo estaba bien y que sus pulmones estaban fuertes. En ese momento sentía muchos sentimientos, pero sobre todo felicidad. Nunca me había sentido tan feliz. Cuando vi a mi hija por primera vez sabía que jamás olvidaría ese momento. Pesaba 1,750 y medía 43 cm. No pude estar con ella más de 2 minutos porque se la llevaron a la UVI corriendo en una incubadora enorme y gris, parecía un horno. Miré a mi madre, nos abrazamos, y empezamos a llorar. "¡Muy bien Lidia, muy bien! Todo ha salido bien.", me decía entre sonrisas y lágrimas.

Me volvieron a llevar a la sala de dilatación para estar otras dos horas allí, donde volverían a revisarme para ver si toda mi zona vaginal estaba bien y no surgían complicaciones.
Mis familiares iban entrando y me felicitaban. Mis padres fueron corriendo a verla y la hicieron una foto. Fue de la única manera que pude verla en condiciones. Tenía una máscara de oxígeno puesta.
A las 4 de la madruga me llevaron a mi habitación. La 402. Me dieron unas galletas, un zumo, y mi madre se quedó conmigo. No podía dormir, estaba deseando que fuese el día siguiente para bajar a neonatos a verla.

Claudia nació un martes 13 a las 2 de la madrugada, un día que jamás se me va a olvidar.

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