22 de abril de 2013

Princesa por un día.

Ayer 21 de abril bautizamos a Claudia. Pensaba que iba a llover o hacer mal tiempo, pero hizo calor y ella pudo lucir su vestido.
Semanas antes tuve que hacerla fotos para los regalitos. Claudia no paraba quieta y se caía para los lados o lloraba, pero con paciencia lo conseguimos y quedaron preciosas.
Pensaba que por eso de ser madre soltera y adolescente no me iban a dejar bautizarla o me pondrían pegas, pero por lo que se ve la iglesia no ha llegado hasta esos extremos y me aceptaron como una más.
Antes de bautizar a un hijo tienes que ir a unas "clases bautismales". La primera fue el sábado pasado. Ahí tenían que ir sólo los padres, yo claro, fui con mi padre. Al llegar, el cura me preguntó cosas para ver si estaban bien rellenados los datos, pero miró a mi padre y dijo: "¿Ese es el padre?" No pude evitar reírme, dije que no, que era el abuelo de la niña. Nos sentamos y empezamos a ver un powerpoint de bautizos. Al día siguiente era una misa en la que teníamos que ir acompañados de los padrinos y del hijo. Los padrinos son mi abuelo materno y mi tía materna, personalmente creo que son los que más se merecen estar en ese lugar. El cura le hizo una cruz en la frente a cada niño y posteriormente lo hicimos los padres y padrinos. En cuanto se acercó a Claudia ella empezó a reírse con él. Cuando cantaban o el cura se levantaba se reía o se ponía a chillar imitando el cante y cuando se cansaba empezaba a llorar, pero mi padre la calmaba. Cuando comulgaron me hizo mucha ilusión que se acercasen a verla.


He estado toda esta semana  nerviosa porque las cosas saliesen mal el día del bautizo, o que la niña llorase en la iglesia. Hasta que llegó el día.
El bautizo era a las 6 de la tarde. Para sorpresa la mía no lloró nada, al contrario, se reía y observaba todo con unos ojos enormes. Todos lloraron menos ella. Primero le hicieron una cruz en el pecho, y después fuimos a que le echasen el agua. La niña tenía que ser cogida por la madrina, y la sonrisa que tenía mi abuelo era de un orgullo increíble. Mi madre lloró. Cuando fueron a echarle el agua pensaba que se iba a poner como una loca, pero ¿sabéis lo que hizo? CHUPARLA, sí sí, empezó a relamerse los labios cuando le calló y a sonreír, a diferencia de los demás niños que todos lloraron como locos.
La pusieron una capita por la cabeza y ella no hacía más que moverse para quitársela, y lo único que conseguía era bajársela hasta taparse los ojos. Parecía un gnomito. Después el padrino tuvo que ir a coger la vela y luego tuvimos que ir los padres a “presentar al niño a la virgen”. Estaba ahí de pie, delante de todos, me temblaban las piernas, hasta que el cura cogió a Claudia, la levantó para arriba como en el Rey León, y le puso cara a cara con la virgen que había en la pared.
Cuando todo terminó el cura se acercó a hablar conmigo, me preguntó si estaba feliz y le dije que mucho, y me dijo unas palabras que se me van a quedar marcadas para siempre. “Vas a ser una madraza y vas a salir de esta, si tu hija ha nacido es por algo, nunca olvides lo bien rodeada que estás por tu familia”. Fueron unas palabras muy especiales que me pusieron los pelos de punta.
Más tarde fuimos al restaurante, allí me regalaron la tarta con la cigüeña donde ponía "Feliz día Claudia" y mis familiares la regalaron un montón de cosas. Un peluche de Minnie, dinero, una trona, un asiento del coche, pendientes... Un montón de cosas. 

Gracias a días como el de ayer me doy cuenta de que tengo la mejor familia. Otro día más para recordar. Te quiero pequeña. ¡FELICIDADES!

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