29 de julio de 2013

¡Al agua patos!

Después de muchos meses de espera, Claudia por fin pisó una piscina por primera vez, y la verdad es que fue genial. 
Las primeras veces que bañamos a Claudia en su bañera cuando era pequeñita lloraba muchísimo, no le gustaba, pero después le acabó gustando bastante, y ahora que empezaba a sentarse sola, jugar con sus patitos, y bañarse conmigo le encantaba, por lo que supuse que también le gustaría la piscina. 
El día que fuimos a la piscina Claudia miraba todo alucinando. Llegamos al césped, la puse sobre su toalla y estaba feliz, tenía una sonrisa enorme, se ponía a rodar por todas las toallas, a mirar cómo se movían los árboles y a coger ramitas del suelo. Yo tenía mucho miedo de que se quemase o le diese una subida de calor, a si que le puse su gorrito y la llené entera de crema, la pobrecita se quedó blanca, ahora entiendo por qué mi madre me llenaba tanto de crema cuando era pequeña.

Cuando fuimos a meternos a la piscina primero metí el pie yo, y estaba helada. Me asusté pensando que en cuanto metiese a Claudia se iba a poner como una loca, pero fue todo lo contrario. Nos sentamos en uno de los escalones que había y le daba igual que estuviese congelada, ella era feliz, que eso era lo más importante para mí, verla sonreír, verla que estaba agusto. Se ponía a chapotear con el agua, a jugar con su patito que nos llevamos y lo más gracioso, se ponía a beber agua. Sí sí, metía la mano en forma de taza y a la boca.
Cuando ya se acostumbró más al agua decidí meterme del todo con ella sujetándola en brazos. Nos hicimos amigas de muchas niñas pequeñas que había por allí. Me preguntaban: "¿Es tu hermana?" A lo que yo contestaba: "No no, es mi hija." Y ellas tan contentas. Como el cloro quema y hacía demasiado sol no quería tenerla mucho tiempo en el agua, a si que la mayor parte del tiempo nos lo pasamos en las toallas. Por la tarde ella no durmió apenas nada de siesta, y así pasó, que luego al llegar a casa estaba reventadísima. 
En los últimos baños que nos dimos ya después de comer, me entraron ganas de ponerla boca abajo en el agua, como si fuese a nadar, y así hice. Me quedé alucinando. Claudia empezó a nadar. Movía las piernecitas super rápido y ponía cara de velocidad. Fue una experiencia muy bonita. 
En ocasiones como estas es cuando me doy cuenta de lo que ha cambiado mi vida de un año para otro. Hace un año me pasaba el día tomando el sol, nadando, o haciendo el tonto con mi hermana. Ahora no, ahora no podía, o mejor dicho, no quería. Ya no me divertía ponerme a nadar de un lado a otro, o quemarme bajo el sol. Ahora quería disfrutar del día con mi hija, y así hice. 

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