5 de agosto de 2013

Abuelos a los 40.

Hace unas semanas fue el día de los abuelos. Como cada año felicité a los míos, pero esta vez tuve que felicitar a alguien más, a mis padres, porque sinceramente, se han convertido en los mejores abuelos para mi hija.
Cuando escuchamos la palabra "abuelo", nos imaginamos una persona mayor, con el pelo blanquecino, y sus arrugas. Hasta que llegaron mis padres. Dos personas sin apenas arrugas, el color de pelo del mismo color que siempre, y algo nuevo en sus vidas, algo que fue una sorpresa para ellos, una nieta.
Todos los padres quieren lo mejor para sus hijas, y está claro que mis padres para mi siempre han querido lo mejor y me han criado de la mejor manera que han podido. ¿Quién iba a decir a mis padres que iban a ser abuelos con 40 años?

Mi padre, la persona más buena que he conocido en mi vida, la que saca adelante a esta familia. Fue la primera persona en enterarse que iba a ser mamá. El día que en el hospital nos dijeron que estaba embarazada él se quedó blanco, pensaba que me iba a matar al salir de aquella sala. Daba vueltas y más vueltas, no entendía cómo había ocurrido, cómo había podido ser tan tonta de haberme quedado embarazada con la cantidad de medios que hay. Al llegar a casa tanto él como mi madre estaban disgustados, pero nunca me dejaron de lado y me apoyaban en la decisión que eligiese. Ahora mirémoslo como abuelo que es. Cuando el asunto de mi embarazo se normalizó y todos nos amueblamos la cabeza, no había día que no le diese los buenos días a mi tripa, aunque admito que siempre me daba vergüenza que viese mi tripa. La verdad es que nunca he tenido tanta confianza con mi padre, hasta que llegó el día de mi parto adelantado y ví qué clase de persona era. "Lydia, estás de parto." Mi madre salió a la sala de espera para contárselo a mi padre y a mi hermana que estaban esperándome. Más tarde vino mi tía y me contó que mi padre estaba fatal, estaba llorando, estaba peor que yo, tenía miedo de que le pasase algo a Claudia. No me lo creía, no me podía imaginar que mi padre hubiese cogido tanto cariño a algo que no estaba previsto en su vida. Decía que Claudia era muy pequeña, que no estaba preparada para el mundo, que no iba a salir bien, pero ella venía con ganas de vivir, y así lo hizo. Cuando estuvo ingresada no hubo día que mi padre no me hiciese compañía en el hospital. Venía del trabajo a buscarme, y los fines de semana se pasaba las horas allí conmigo. Cuando estaba en la UCI sólo yo podía coger a Claudia, mi padre sólo podía estar ahí observándonos, pero él se quedaba orgulloso y feliz, emocionándose cada vez que Claudia abría los ojos o hacía alguna mueca, mientras me animaba cuando las cosas se ponían mal o no mejoraban. La primera vez que le dejaron coger a Claudia en el hospital pensaba que se le iba a caer. No sabía cómo cogerla, y la cogió de la manera más complicada, pero la sonrisa que tenía era enorme. Cada vez que volvíamos del hospital en tren ahí estaba él para decirme que ya quedaba menos para tenerla en casa con nosotros, hasta que poco a poco llegó el día. Ahora mi hija sé que es feliz con él. Cada vez que viene de trabajar va directa a ella y se vuelve tan contenta. Es capaz de dormirla en brazos y calmarla en cuestión de minutos, y es el mejor compañero de juegos que tiene. Esa persona que en su trabajo, y entre su grupo de amigos todos le conocen como el abuelito que presume de nieta. A mi padre le gusta estar con Claudia, y a mi me gusta verlos juntos. Gracias por ser el pedazo de abuelo en el que te has convertido. Para mi, eres el padre de mi hija, y ella no podría tener uno mejor.

Ahora vamos con mi madre, mi ejemplo a seguir, esa persona que ayer cumplió años. Mi madre ha pasado por muchas cosas, por muchos problemas, por muchas complicaciones y por operaciones. Los problemas pudieron con ella en su tiempo, haciendo que cayese en las crisis de ansiedad. Mi madre dejó de ser la persona que era. No podía ir sola a ningún sitio porque se mareaba, no podía ir a centros comerciales, ni hacer largas esperas. Poco a poco, y con la ayuda de todos nosotros mi madre volvió a su vida normal, eso sí, con pastillas en el bolso por si le daba una crisis. Sabía que cuando se enterase de que estaba embarazada lo iba a pasar muy mal, le iba a dar algo, pero su reacción fue mejor de lo que me esperaba. Está claro que lo pasó mal y que le costó aceptarlo, pero el día que le dije que quería quedarme seguir con el embarazo lo aceptó con total naturalidad. Y es que gracias por confiar en mi cuando te dije que iba a poder salir adelante. Gracias por aceptar mi embarazo, y como sé que te decepcioné muchísimo, te pido perdón por ello. Gracias por escucharme cuando estoy mal. Por apoyarme en todo y no dejarme de lado nunca. Por abrirme los ojos aunque ya fuese tarde. Por ir con la cabeza bien alta cuando te preguntan "¿Pero tu hija no tiene 16 años?"... La primera vez que vi a Claudia no se me va a olvidar nunca, pero tampoco se me olvidará el momento en el que estaba en el paritorio, miré a mi derecha y vi a mi madre llorando de alegría, diciendo que todo había salido bien y posteriormente me abrazó. Cuando mi hija estuvo ingresada más de una vez llamé a mi madre llorando porque había pasado algo o las cosas no mejoraban. Me encerraba en la sala de padres del hospital y me ponía a chillar de dolor, pero allí estaba ella, calmándome desde el otro lado del teléfono, hasta que llegó el día que fue ella la que se puso a chillar, pero esta vez de alegría. El día que le dieron el alta a Claudia fue una alegría para todos. Nunca había visto a mi madre tan feliz como lo es ahora con ella, y como ella misma dice, "no me imaginaba que iba a llegar a querer tanto a esta niña." Ha vuelto a ser la mujer que era, la que va a todas partes sola, la que ya no necesita pastillas ni llevarlas en el bolso por si acaso, la que presume de nieta y se siente orgullosa de ella, a la que le gusta que le llamen "yaya" y odia que la llamen abuela porque suena a persona mayor, y como ella misma dice, es una abuela joven y moderna, y no le importa lo que la gente pueda opinar, porque ella se siente orgullosa de nosotras. Mi madre es esa persona que me acompañó desde el primer momento en todos mis problemas, la que gracias a ella no me he sentido sola en muchas ocasiones, la que me ha defendido millones de veces, la que me ha ayudado a olvidar y a ser fuerte, la que se ha pasado noches sin dormir a mi lado, la que me ha ayudado con Claudia siempre que ha podido, la que se ha convertido en mi mejor amiga, y me ha enseñado a ser la madre que actualmente soy. A día de hoy, no hay ningún gracias con el que pueda agradecer todo lo que está haciendo por nosotras. Ojalá llegue a ser la mitad de madre con Claudia de lo que ella es conmigo.

Da igual la edad, da igual ser madre a los 16, da igual ser abuelo a los 40, da igual ser tía a los 8. Yo puedo decir bien fuerte que me siento orgullosa de la familia que tengo, eligiera lo que eligiera ellos iban a estar ahí apoyándome y ayudándome en todo, y eso hicieron, no sabéis lo que me gusta verlos sonreír cuando están con mi hija. Y hablando de abuelos... Abuelo materno, sé que te hice mucho daño, sé que yo era tu niña, y que ya no soy tan niña, y sé que debería haberte hecho caso en muchas cosas que me advertías hace años, pero ver lo feliz que estás a día de hoy con mi hija y lo bien que estás conmigo me hace sentirme genial. Sabes que siempre serás mi segundo padre, y una de las personas que más querré en mi vida.

Por cosas como estas y mucho más, puedo decir que estoy genial con los padres que tengo, y que mi hija, será feliz con esta familia que tiene.

3 comentarios :

  1. La edad no importa, ya sea en el amor, en ser madres, abuelos o cualquier cosa.Depende de la madurez de cada persona, me ha encantado la entrada:)

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  2. Tanto tú como Claudia sois muy afortunadas de tener una familia así, disfrutadde ellos y espero que sigáis así de felices. Un beso (:

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  3. Es preciosa la entrada, me encantaa :)

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