6 de septiembre de 2013

En mi vida, en mi corazón, en mi piel.

"Es una locura, pero tengo ganas de hacerlo". 
Esas fueron las primeras palabras que pasaron por mi mente cuando se me ocurrió hacerme un tatuaje.
Cuando nació mi hija la frase "Never give up" (nunca te rindas) pasó a tener un significado enorme para mí. Cuando me enteré que estaba embarazada, a pesar de mi corta edad y de tener que afrontarlo sola, quise seguir adelante. Cuando todo estaba tan mal, me pasaba las horas encerrada en un hospital, y mi mente pensaba 'no puedo más', yo quería seguir. Cuando las cosas se ponían difíciles no quise dejarlo todo, no quise rendirme, quise seguir adelante por mí y por ella, mi hija. Por eso mismo, pasó por mi mente tatuarme esa frase para tenerla siempre en mente, hasta que se lo comenté a mis padres y se rieron. Yo cada día quiero algo nuevo, y ellos sabían que un tatuaje iba a ser un simple capricho que con los días se me iba a olvidar, y así fue, me olvidé de esa idea. Hasta que a los meses la idea volvió a mí, pero esta vez un XIII (13, en números romanos). Iba a ser pequeño, con líneas rectas, y por lo tanto apenas me iba a doler. No sabía dónde hacerlo, pensé en el tobillo y en el costado, hasta que mi madre me dijo: "Si te vas a hacer un tatuaje, hazlo en un sitio donde lo puedas lucir, en la muñeca por ejemplo.” A mí siempre me han dado mucho “asco” y respeto las venas de las muñecas, no podía ni mirarlas, y sabía que hacerme un tatuaje ahí iba a ser un sacrificio y una superación para mí, pero decidí hacerlo. Mis padres parecía que esta vez iban enserio, estaban convencidos de que me iba a hacer el tatuaje, hasta el punto en el que una mañana mi madre me dijo: "Esta chica se lo ha hecho aquí, ve con ella y pides cita." Tener el apoyo de mis padres me hizo tener más ganas de hacerlo, hasta el punto en el que pensé que tan solo un XIII iba a ser muy poco, yo quería más, quería algo relacionado con mi hija directamente, así que qué menos que tatuarme su nombre. A la tercera fue la vencida, mi tatuaje iba a ser su nombre y su día de nacimiento, además de que según dicen, el 13 en tatuajes da buena suerte. Le dije a mis padres que iba enserio lo del tatuaje, que me llevasen a pedir cita, que me iba a atrever a hacérmelo.

Tenía ganas de ir con mi padre a pedirla, hasta que llegó el día, finales de julio. Entramos al estudio, me dieron cita para el 3 de septiembre, y cuando salí pensé... “La he cagado”. Todo había ido muy rápido, no me podía creer lo que iba a hacer, podría llegar el día y arrepentirme, pero en cuanto llegué a casa mis pensamientos negativos desaparecieron y mis ganas de que llegase septiembre aumentaron considerablemente.
Llegó el día, el 3 de septiembre, se me había pasado volando. Por la mañana fui con mi madre para que firmase la autorización y para explicarles cómo quería que fuese el diseño. Por la tarde no paraba de mirar al reloj, se me hacían eternos los minutos. Tenía una mezcla de sensaciones que hacía mucho tiempo que no experimentaba. Miedo, nervios, ganas, inseguridad… Hasta que llegó la hora. Quedé con una amiga, y fuimos dirección al estudio. Eran las 16:30 y el estudio estaba vació, sólo estaban 3 tatuadores y un sofocón de calor vino a mí. Estaba sudando, mirando a todos lados, estaba blanca y muy nerviosa. “Vengo a hacerme el tatuaje”. Me enseñaron varios diseños, elegí el que más me gustaba, me midieron la muñeca y dibujaron el diseño que yo quería a mi medida. Ahora viene lo gracioso, la escena que os voy a contar ahora parece sacada de un chiste. Mientras estaban haciéndome el diseño a mi medida uno de los tatuadores se puso a ver en el ordenador un video en el que hacían un tatuaje a un hombre, este video exáctamente. Yo claro, con más nervios que nada, viendo en el video como el pobre hombre estaba medio llorando y diciendo que le dolía mucho, que no iba a volver a repetir en la vida, los tatuadores riéndose con el video, y yo con una cara que parecía un poema. Uno de los tatuadores me dijo: “¿Es tu primera vez no? No te preocupes, que no es para tanto.” Sinceramente me trataron genial, me enseñaron todos los elementos que utilizan y me explicaron para qué servían. Me sentaron en una silla, me pusieron el diseño en la muñeca, y me dijeron “vamos a empezar”. Yo por dentro me acordaba que el mejor truco para que no te doliese tanto era no pensar que te iba a doler, pero me era imposible, estaba muy nerviosa, me temblaba el brazo entero y tenía miedo de que en cuanto me penetrase la aguja me moviese y saliese todo mal. Cuando íbamos a empezar con el tatuaje y el tatuador estaba metiendo la aguja en la máquina y preparándolo todo primero me dijo que cuántos años tenía y le contesté que 16, y me dijo que qué suerte que mis padres me dejasen tatuarme. Después me preguntó que quién era Claudia, y le dije que mi hija, empezó a sonreír y dijo que entonces si ya tengo una hija es normal que me dejasen tatuarme. Luego me preguntó que si era un bebé y le dije que sí, que tenía 9 meses. Me dijo que iba a empezar por el puntito de la i para que viese si me dolía mucho o no, y en cuanto me pinchó por primera vez dije… “Pero si no duele, pensaba que era peor”, y se rió. El resto del tatuaje fue igual, no sentía dolor, sentía cómo me quemaba la piel por dentro como si me estuviese haciendo una quemadura. Tal vez la parte de las venas y tendones sí me molestaba algo más, pero no me dolió nada, me sorprendí a mí misma, y por cada letra que hacía me acordaba de Claudia cada vez más. A los 17:00 ya habíamos terminado. Se me había pasado rapidísimo y estaba encantada con cómo me había quedado, sabía que iba a ser una experiencia que no iba a olvidar nunca.

Ahora pensaréis que me voy a arrepentir o cosas parecidas. Arrepentirme de tener el nombre de mi hija sería arrepentirme de tenerla. También diréis “Si te tatúas el nombre de Claudia tendrás que hacerlo con tus otros hijos.” Para mí un tatuaje tiene que tener un significado especial en esa persona, un antes y un después en tu vida, y está claro que para mí Claudia va a ser siempre “la especial”, ese antes y después en la vida de una niña de 16 años. Para mí Claudia es la lucha personificada y la superación diaria, y cada vez que me encuentre mal sólo tendré que mirar mi muñeca y pensar “tengo un motivo para seguir adelante”.

3 comentarios :

  1. dios que bonito, casi lloro. :’)

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  2. Lo primero, que eres genial.
    Lo segundo es que, si pudieras hablar de tu primera vez, o al menos decir a qué edad fue, para tener una referencia

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