22 de noviembre de 2013

Unos cumpleaños muy especiales.

Como muchos ya sabéis hace unas semanas fue mi cumpleaños y el cumpleaños de mi hija. El 9 de noviembre yo cumplía 17 años, y ella el 13 de noviembre cumplió su primer año, mi primer año como madre, nuestro primer año juntas de muchos que vendrán.
Llevaba meses esperando que llegase este mes, que llegase su cumpleaños, de pasar un día genial a su lado y ver cómo disfruta con sus regalos. En verano ya empecé a hacer la lista de los regalos que quería para su cumpleaños, me desesperaba cuando no sabía qué cogerle. Ya tenía de todo, y las cosas que se me ocurrían no servían de nada y las iba a dejar por ahí tiradas, hasta que se me ocurrió la idea de regalarle un andador para que poco a poco empezase a andar por si sola. Una semana antes de nuestros cumpleaños fuimos a comprarle su regalo. La tienda estaba llena de juguetes, de luces, de muñecos, y de sonidos. Claudia estaba como loca mirando a todos los lados, estaba muy ilusionada rodeada de tantos juguetes.


El día de mi cumpleaños fue un día genial. Pasé esa tarde con mi familia y como siempre, me encantaba verles tan feliz con mi hija. Al día siguiente una amiga iba a venir a mi casa. Llamaron a la puerta media hora antes de la hora a la que habíamos quedado, yo aún no estaba preparada, abrí la puerta y me encontré con toda la sorpresa... Mi portal estaba lleno de globos, de muchísimos regalos y de mi amiga sujetando una carta enorme que ponía "Feliz cumpleaños". No me lo podía creer, nunca me habían hecho una sorpresa de este tipo y me hizo mucha ilusión. No sólo me regaló cosas para mi, sino también para Claudia, entre ellas un cuadro con un dibujo de nosotras hecho, un vestidito para Claudia, la lata de coca-cola de Mamá, un pijama para mi, un gorrito de pingüino para ella, un peluche chiquitito, y una tarjeta de felicitación enorme con ranitas.
El día de mi cumpleaños lo aproveché al máximo al lado de mi hija, no paraba de recordar cómo hace un año mi familia estaba acariciándome la tripa y este año tenía una niña preciosa a mi lado. Me regalaron bombones, dinero, zapatillas... Pero el mejor regalo sin duda fue el que me hizo Claudia. Hace unos meses os conté que un día mientras estaba en el instituto dijo mamá por primera vez, pero por desgracia no lo volvió a repetir por lo menos delante mía, hasta el día de mi cumpleaños. Se pasó todo el día diciendo mamá, un mamá sincero, un mamá mirándome a los ojos, un mamá sonriendo, sabía que yo era su mamá, parecía que había estado esperando ese día para darme este regalo tan especial. A partir de entonces se pasa todos los días diciendo mamá, gritando mamá cuando no me ve o cuando me voy, diciendo mamá cada vez que me ve, y sonriendo cuando está conmigo.
Hace unos días volvieron a darme una sorpresa, esta vez fue en el instituto. A última hora mi compañera de mesa se "empezó poner mala", decía que tenía ganas de vomitar y estaba incluso pálida. Al final la profesora le dijo que llevaba toda la hora viéndola mal, que si quería salirse. Le dio permiso para salir y me dijo que la acompañase por si se mareaba. Cuando volvimos a clase estaban todos los de mi clase de pie, y en la pizarra digital habían puesto la canción de cumpleaños feliz y en cuanto entré por la clase me la pusieron. Miré a la pizarra y estaba escrito en grande "felicidades Lydia". Cuando terminó la canción me pusieron un vídeo con todas las fotos que hay por aquí de mi hija, yo y mi hija, mi tripa, ecografías... Y de fondo la canción de 17 primaveras de Belen Moreno. Miré a mi mesa y estaba llena de regalos. Una de mis profesoras me regaló una camiseta para Claudia, una compañera me regaló un marco, y entre todos me regalaron una sudadera, un vestido para Claudia, una bolsa llena de bombones, y una tarjeta con dedicatorias de todos los profesores y firmas de todos los de mi clase... Todos habían estado compinchados, les había salido genial la sorpresa y yo salí del instituto con una sonrisa de oreja a oreja.

El día de su cumpleaños fue un día muy especial. Cuando dieron las 00:00 empecé a llorar, no me podía creer que ya hubiese pasado un año del principio de todo, de ese principio que tanto costó, que mi hija estuviese bien, estuviese conmigo, y, sobre todo, estuviese feliz. Claudia se despertó y yo no paraba de abrazarla, esa noche dormimos juntas, lo necesitaba, necesitaba sentirla a mi lado, escuchar su respiración y verla abrazada a mi cada vez que abriese los ojos. Cuando le dimos su regalo de cumpleaños lo abrió con mucha ilusión, no sabía qué hacía esa cosa tan grande, era casi tan grande como ella. Ese día no me separé de ella, quería que fuese un día especial y sin duda, lo fue.
El sábado pasado celebramos nuestros cumpleaños con la familia. Me pasé toda la tarde llenando la casa de globos y de guirnaldas para que cuando Claudia se despertase viese la sorpresa. Le encantó. Le llenamos el parque de globos y en ese momento era la niña más feliz del planeta, jugaba con ellos, los tiraba, se tiraba ella encima... Se la veía feliz y con la ilusión típica de un niño pequeño, y esa ilusión me la acabó contagiando a mi, acabamos las dos agotadas. Le hicieron más regalos como una taza y un volante de Mickey Mouse, ropa...


Sin duda este ha sido uno de los mejores cumpleaños de toda mi vida, y sobre todo, ha sido el primer cumpleaños de mi hija. Ahora, un año después de todo el comienzo, me doy cuenta de esa frase que no paraba de repetirme todo el mundo: "Aprovecha el momento que crecen muy rápido", y es cierto. Aún no puedo creerme que mi hija ya tenga un año, que el tiempo pase tan rápido a su lado, que cada vez deje de ser ese bebé para convertirse en una niña grande, de hecho, ya se me hace raro llamarla "bebé", pero no puedo evitarlo.  No sabía que iba a ser capaz de todo lo que he pasado durante este año juntas, de la cantidad de cosas que he hecho por ella, y por nosotras, de la cantidad de cosas que ella ha hecho cada día superándose así misma, y de todo lo que soy capaz de sentir por una persona. En los momentos en los que la veo sonreír, en los que la veo durmiendo con una sonrisa, y en los momentos en los que me dice "mamá" con los ojos iluminados, es cuando realmente sé que lo estoy haciendo bien, y que ser madre adolescente, y todo lo que pude hacer y hago por ella, vale la pena.

1 comentario :

  1. Eres una chica realmente afortunada y me has demostrado a mí (y a mucha gente más) que el secreto es no rendirse.
    Felicidades por todo lo que has conseguido, pero sobre todo por el esfuerzo que has hecho para lograrlo.
    Claudia está preciosa.
    Nubes intermitentes desde http://albordedetucama.blogspot.com.es/
    M.

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