13 de diciembre de 2013

13 meses, nuestro número.

El día 11 de este mes hizo un año desde que le dieron el alta a Claudia y por fin pude traerla para casa y pasar desde ese día hasta hoy, los mejores días de mi vida. 
En estas entradas: Esta, y esta, os conté cómo fue su ingreso en el hospital por ser prematura, y los problemas a los que tuvimos que enfrentarnos. Y en esta, os conté cómo fue ese día en el que por fin me dijeron que mi hija ya estaba bien y podía venirse a casa con nosotros. Ya no sería una vuelta a casa en tren triste y sintiendo que me falta algo, ese día fue una vuelta a casa con una sonrisa de oreja a oreja, viendo cómo por primera vez a mi hija le daba la luz del sol y podía cogerla sin miedo a que sonase una máquina, desconectar los cables, y durmiendo en su cuna a mi lado y no a kilómetros en una camita de hospital.
Ese mes que Claudia pasó en el hospital fue el peor mes de toda mi vida. Tan sólo era una niña de 16 años para ver y pasar por todo lo que pasé, y admito que lo pasé realmente mal, no había día que no me enfadase, que no llorase, que no me desesperase, que no tuviese ganas de desconectarla de todos los cables y salir corriendo con ella en brazos. Y es que siendo sincera, no le deseo a nadie tener que ver a su propio hijo detrás de una incubadora viéndote incapaz de hacer algo por él, tan chiquitito, tan indefenso, tan frágil.

Hace unos días cuando se cumplió un año de aquel día en el que mi vida por fin empezaba a ir bien, me gustó recordar todos los momentos en aquel hospital. Cada mañana que me levantaba temprano para ir, cada hora eterna viendo a mi hija sin poder cogerla, cada vez que veía apuntado que había vomitado y me echaba a llorar, y cada alegría que me daba ver que Claudia poco a poco iba aprendiendo a comer sin ayuda de ninguna sonda, hasta aquella frase que marcó un antes y un después "mañana para casita".
A los pocos días de nacer Claudia era el día de los prematuros, y todo el hospital estaba decorado con dibujos de niños pequeños que en su día pasaron por ahí. Yo tampoco me enteraba mucho, acababa de llegar a ese mundo de neonatos y no sabía ni que había una sala especial para padres donde días después iba a acabar encerrándome allí a llorar. En diciembre toda neonatología estaba decorada con calcetines chiquititos, árboles de navidad, más dibujos, bolas, pegatinas... Estaba todo muy bonito, pero me daba la sensación de que iba a pasar las navidades allí, y obviamente, no quería. Estaba agusto, me había hecho amiga de otras madres, y me había acostumbrado al ambiente de un hospital, pero yo quería ver a Claudia bien, quería verla con ropa de colores, ropa mía, y no con una camiseta blanca de hospital. Quería dejar de escuchar esa horrible máquina que indicaba que algo iba mal y quería que pasase las noches conmigo en casa, que viese nuestro árbol de navidad, y que pasase las primeras navidades a mi lado. Por suerte días antes a navidad le dieron el alta, y fue un gran alivio para mi. Ya les dije a mis padres que si Claudia por navidades seguía allí me iba a pasar noche buena y noche vieja con ella en el hospital toda la noche si hiciese falta, no podía dejarla allí unos días tan especiales.
Ahora esto son sólo unos recuerdos más, una experiencia más para mi vida, pero es que hoy, 13 de diciembre, Claudia hace 13 meses. 13 meses ya, 13 meses desde que dejé de ser una adolescente más para convertirme en madre, en su madre, en una madre adolescente y orgullosa de serlo, pero sobretodo, feliz. 
Estos últimos meses han sido muy especiales. Claudia ha hecho muchas cosas nuevas, han sido nuestros cumpleaños y yo he tenido que aprender a compaginar estudios con maternidad. ¿Os acordáis que le regalé un andador por su cumpleaños? Pues bien, mi hija es tan cabezota que pretender ir más rápido que el andador y tenemos que sujetarla porque si no se cae, no sabe andar y ya quiere correr. 
Cuando cumplió un año ya empezamos a darle comidas sólidas como los adultos, como cinta de lomo, carne, pescado, fruta, sopa, tortilla francesa, chopped, pavo... Y se lo come que da gusto, de hecho, me regalaron unos cubiertos para niños pequeños y le encanta que le de la comida con tenedor. Como la mayoría de los meses volvimos a ganar unos concursos. Esta vez fueron unas latas de cocacola con nuestros nombres, y un concurso de NestléBebé.
Le gusta muchísimo que le cuente cuentos, se entretiene y ella sola sabe cuándo hay que pasar de página. Hace poco empecé a enseñarla a pintar con unas pinturas especiales para niños, pero pinta en cualquier sitio excepto en el papel, eso sí, hay veces que me deja impresionada. El otro día cogí un muñeco suyo, cogí 3 vasos de juguete, y metí el muñeco en uno de los vasos. Ella sabía perfectamente en qué vaso estaba, y si no lo metías en ningún vaso te abría las manos o buscaba por todos lados hasta encontrarlo. Cuando le dejas unos cascos se los lleva a la oreja, y cuando le das una diadema o una horquilla se los pone en la cabeza.
Ya tiene 4 dientes. Cada vez que sonríe se le ven y parece un ratoncito, está muy graciosa con ellos, hasta que te muerde, ves las estrellas, y echas de menos esos momentos en los que no tenía ningún diente. Sabe abrir cajones, tirar cuadros, abrir armarios... Hay que tener mil ojos y cada vez más, sobre todo ahora que gatea perfectamente y se recorre toda la casa gateando.

Aún me acuerdo de esos días en los que mis padres me decían que no estuviese mal, que dentro de nada a Claudia le darían el alta e iba a poder estar con todos nosotros. Y es cierto, los meses pasan delante de tus ojos y cada día es distinto al anterior. Parece mentira que una fecha me traiga tantos recuerdos, que cada sonrisa suya sea tan contagiosa y yo acabe sonriendo con ella, que cada vez que me dice mamá no pueda resistirme y tenga que comérmela a besos. Desde ese 13 de noviembre del 2012 mi forma de ver el mundo cambió, mi vida dio un cambio radical, y empecé a tener un motivo por el que luchar, sonreír y seguir adelante, y ese motivo es mi hija, y seguirá siéndolo todos los días de mi vida. Felices 13 meses princesa.

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