28 de marzo de 2014

La desesperación del estudiante.

Hace unos meses os hablé de mi vuelta al instituto, de cómo me habían aceptado mis compañeros, de mis notas en el trimestre anterior, y de lo difícil que me había sido acostumbrarme a ser madre, adolescente, y estudiante todo a la vez, una mezcla que con sólo leerla asusta. A pesar de la dificultad que ello conlleva y lo difícil que se me hizo acostumbrarme de nuevo a estudiar después de tomarme un año sabático obtuve muy buenos resultados, pero este trimestre las cosas se volvieron el doble de difíciles.
Las vacaciones de Semana Santa son en abril, pero en mi instituto decidieron cortar el 2º trimestre a mitad de marzo y que así el 3º no fuese tan largo, aunque haciendo esto lo que ha ocurrido es que el 2º trimestre fuese demasiado corto y tuviésemos todos los exámenes del tirón. En enero y febrero tenía exámenes muy de vez en cuando, pero en marzo ya vino el caos. Estuve dos semanas enteras con exámenes, uno cada día. No tenía tiempo para estudiar, para organizarme, para prepararme los exámenes, y lo único que me salía era llorar. No me veía capaz de sacar buenas notas, no sabía qué estudiar ni por dónde empezar.
El ambiente en mi clase seguía igual que siempre, todos hablábamos con todos, seguían igual de simpáticos conmigo, seguimos celebrando los cumpleaños de los demás igual que hicieron conmigo, y en carnaval nos disfrazamos la mayoría de enfermeras y nos reímos muchísimo, pero aún así este trimestre la desesperación y el estrés pudieron conmigo. 
Aunque mis notas no son malas sí son más bajas que el trimestre anterior, cosa que me ocurre siempre en el 2º trimestre. Cada vez que sacaba un 7 lloraba, cada vez que tenía un resultado más bajo de lo esperado me echaba a llorar, me entraba rabia saber que llevaba tanto tiempo esforzándome para un examen, creer que me ha salido bien y que luego no sea así. Pero sin duda mi mayor desesperación y mi comienzo para empezar a hundirme anímicamente fue un examen de matemáticas que hice a mediados de febrero.

A mi las matemáticas siempre se me han dado mal, pero ahora intento esforzarme para sacar buenos resultados aunque no siempre se obtiene lo que se desea. Estuve estudiando durante semanas para ese examen, repitiendo una y otra vez los ejercicios y sabiendo hacerlos incluso sin mirar. Fui muy confiada para el examen, me lo sabía todo genial, ¿qué iba a fallar? Ay, inocente de mi... En cuanto la profesora me puso el examen encima de la mesa mi mente se bloqueó, me quedé completamente en blanco, no sabía hacer absolutamente nada y me equivocaba incluso haciendo sumas. "Dios mío, si estos son los ejercicios que he repetido tantas veces en casa", pensaba yo. Hice unos ejercicios por encima, salí de allí cabreada, y lo primero que hice fue llamar a mi madre. Ella me dijo que no me preocupase, que confiaba en mi y que estaba segura de que a la próxima me saldría bien. Saqué un 3,2 en ese examen, hacía años que no suspendía y supuso un gran palo para mi estado de ánimo. Estuve a punto de tirar la toalla, de dejar de esforzarme, sentía que mi esfuerzo no valía para nada, pero justo en esos momentos algo se vino a mi cabeza. Claudia. Su futuro, mi futuro, nuestro futuro está ahora mismo en mis manos, después de todo lo que he hecho por ella no podía rendirme ahora simplemente porque un examen me haya salido tan mal, yo confío en mi, yo sé que puedo, y lo haré.  Hace unas semanas hice el siguiente examen de matemáticas, necesitaba un 5 sí o sí para aprobar la evaluación, jamás había suspendido una asignatura y no quería que esta vez fuese la primera. Dejé de llorar, de estar mal, de pensar en negativo. Me puse las pilas, respiré hondo, y estudié como nunca había estudiado para un examen. En cuanto tenía un hueco libre cogía mis apuntes y repasaba, me acostaba tardísimo estudiando aunque al día siguiente no pudiese ni levantarme de la cama, llevaba los apuntes en la mano incluso cuando daba a mi hija de comer y acababa por ver números y operaciones matemáticas por todas partes. Llegó el día del examen, no dormí nada, fui con muchísimos nervios, y cuando la profesora me entregó el examen me acordé de las palabras que me dijo mi madre los días anteriores: "Respira hondo, cierra los ojos, y tranquilízate, tú puedes." Lo hice, jamás me había salido un examen tan bien como ese, salí muy contenta ese día y orgullosa de mi misma. Después de pasarme todo ese tiempo estudiando por fin tuve mi recompensa, un 10.

Os cuento esto para haceros ver que quién quiere, puede. He leído y escuchado muchas veces a personas que simplemente por salirles mal un examen o que se les de mal un trimestre ya dejan de estudiar o deciden dejar de esforzarse e ir directos a las recuperaciones. No hagáis esto jamás. Todo el mundo suspende, da igual que hayas estudiado un montón o que te lo sepas de memoria, una nota no define cuán inteligentes somos y todos podemos tener un mal día y que se nos de mal un examen, pero no por esto tenemos que dejar de esforzarnos, al contrario, esto debería ser un apoyo para esforzaros más para la próxima vez, para luchar por nuestros sueños, para aprobar, para sentiros orgullosos de nosotros mismos y hacer que los nuestros se sientan orgullosos. Si yo puedo, ¿vosotros por qué no?

3 comentarios :

  1. Qué notas tan buenas :) algo que me gusta de tus entradas es que siempre, siempre intentas animar a los demás, darles buenos consejos... Cuentas tus propias experiencias, pero las aplicas a todo el mundo con buenas intenciones, y eso me parece que está genial :)
    Un besito, sigue así de lista y así de guapa!!

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  2. Llegue a este sitio buscando situaciones similares a la mía... Sin duda eres única!! yo estoy recién embarazada y no me da el tiempo de estudiar, me asusta tanto que haré cuando este mi bebé conmigo.... buena suuerte, y felicidades!

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  3. Te admiro mucho Lidia, sigue así siempre, te lo mereces :)
    Una duda en cada charco en http://albordedetucama.blogspot.com.es/
    M.

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