16 de mayo de 2014

Amigos... O no.

Si algo he aprendido desde que soy madre, es que si alguien te quiere también se quedará a tu lado en los malos momentos.

Hoy os voy a hablar de la amistad, algo tan grande y a la vez tan frágil.
De pequeña yo era una niña que fuese donde fuese hacía amistades con cualquier persona. Me acercaba a alguien y le decía: “Hola, me llamo Lydia, ¿quieres ser mi amigo?”. Según iba creciendo era cada vez más vergonzosa y me costaba muchísimo hacer amigos, pero una vez que los tenía tarde o temprano ocurría algo que hacía que acabásemos separándonos. Supongo que el haberme llevado tantas decepciones a lo largo de mi vida ha hecho que sea una persona tan desconfiada. Me cuesta muchísimo dar mi confianza a alguien, porque normalmente una vez que se la doy, la acaban destrozando.


Antes de quedarme embarazada pasé por muchísimos grupos de amigos, y todos ellos me acabaron o haciendo daño, o fallando, o conocían personas nuevas y el grupo se acababa dividiendo. Cuando era pequeña tenía una muy buena amiga. Ambas compartíamos risas, malos momentos, e incluso mascotas. Al final ella se fue a otro lugar a vivir y sin duda, lo pasé muy muy mal. Poco a poco fuimos perdiendo el contacto, y me dolió bastante. Se llama Laura. Unos años más tarde entré el instituto y ahí conocí a muchas personas. Con muchas de ellas me acabé distanciando, pero hubo un grupo con el que me hice muy buena amiga. Entre ese grupo de amigas estaba una chica que conocía desde el colegio, una chica que para mí era muy simpática y siempre estaba ahí cuando más la necesitaba, era mi mejor amiga. Se llama Carmen. Diferentes personas se acabaron metiendo en ese grupo y al final cada una se fue por su lado. Yo discutí con muchas de ellas y perdí el contacto con todas. Fue una de las rupturas hablando en el tema de amistad que más me dolieron.

Cuando me quedé embarazada los amigos que tenía podía contarlos con los dedos de las manos. Eran pocos, pero para mí eran más que suficientes. Tenía amigos por internet, gente que conocía en persona, gente con la que salía a divertirme y a pasar un buen rato, gente con la que supuestamente podía confiar... Cuando esas personas se enteraron de mi embarazo me apoyaron muchísimo. Unos me dijeron que hacía bien en tener a mi hija, otros que iban a estar siempre ayudándonos, que iban a regalar cositas a mi hija, me tocaban la tripa, imaginábamos ilusionados el día en el que pasease con ellos y con el carrito de mi hija… Pero al final mucho hablar, y poco hacer. Tus amigos siempre te van a apoyar en casos como estos, pero luego, quien de verdad tiene que hacer su vida como madre eres tú, no ellos. Ahora curiosamente todos aquellos que me dijeron que no me darían de lado, fueron los que ya no están conmigo.

Cuando mi hija nació de golpe me empezaron a hablar muchísimas personas. Pensaba que mi vida relacionado con el ámbito de la amistad estaba cambiando, por fin tenía muchos amigos... Pero no, la mayoría de personas que se relacionaban conmigo lo hacían por puro interés, por cotilleo, por ver a mi hija, o incluso por tener fotos de ella. No me di cuenta de esto hasta que meses más tarde vi que una de ellas pasaba y enseñaba fotos de mi hija a desconocidos. En ese momento empecé a ser muy desconfiada con el tema de las fotos. Me quedé sola, completamente sola. No tenía amigos, simplemente conocidos, ¿dónde estaban aquellos que iban a estar conmigo y con mi hija? Lejos de mi. En ese momento me di cuenta de que mi madre era uno de los pilares más grande de mi vida, mi madre había sido siempre mi real mejor amiga, aquella persona que sabía que podía contarle absolutamente todo y nunca, nunca, nunca, me iba a fallar ni dejarme de lado. Actualmente, ella sigue siendo mi mejor amiga y seguramente lo siga siendo.
Hace poco menos de un año vi que tenía un mensaje en una de mis redes sociales. Curiosa lo abrí, y cuando vi el nombre de la persona que me lo había enviado se me iluminaron los ojos. Era Laura, mi amiga de la infancia, aquella que se fue a vivir tan lejos. Me había leído, se había enterado que había sido madre y me dio todo el cariño del mundo, parecía que todos esos años que habíamos estado sin saber la una de la otra no habían existido, como si hubiese sido ayer la última vez que hablamos. Sus palabras sin duda fueron un gran apoyo para mi en ese momento. Ahora, ha ocurrido lo mismo, ya no nos hablamos. Supongo que cuando vamos creciendo cada uno va haciendo su vida por su lado.
También detrás de toda mi vida y sin que yo lo supiera estaba Carmen, esa gran amiga que había perdido antes de quedarme embarazada por discusiones tontas. Ella me echaba de menos, y yo a ella, pero ninguna de las dos nos atrevíamos a decírnoslo. Coincidimos un día, lo arreglamos todo, y recibí el mayor apoyo que he recibido de amigos desde que soy madre. Sigo hablando con ella, y es la amiga con la que más tiempo paso y más cosas compartimos. Quiere a mi hija, nos quiere, nos ayuda, me apoya, y está ahí cuando de verdad se la necesita. Una amiga de las que ya no quedan. Carmen fue aquella amiga que me hizo esa gran sorpresa por mi cumpleaños y me hizo un dibujo de mi hija y yo.
Cuando entré este curso al instituto también recibí mucho apoyo por parte de mis compañeros y he conseguido muy buenas amigas de clase, a diferencia de años anteriores que a penas me dirigían la palabra. Son chicas que me hacen reír cada día, que les encanta estar con mi hija, verla, enseñarla cosas, quedar con nosotras... Laura, Esther y Teresa, son otras amigas de verdad. Pero también tengo que deciros que no todas las buenas amistades están a 5 minutos de tu casa, también hay muy buenas amistades que pueden estar a cientos de kilómetros y escucharte, apoyarte, y hacerte reír todos los días. Sí, hablo de esas grandes madres que viven o han vivido lo mismo que yo, y ahora estamos todas para ayudarnos. Mi grupo llamado "el comité", y el de "las pecadoras".

Yo ya no tengo la misma vida que cualquier otra adolescente normal. Mientras que mis antiguos amigos están todo el día en la calle, en fiestas, o hablando por whatsapp, yo tengo una hija que cuidar, y si salgo, es al parque con ella, con un cubo y con una pala para hacer castillos de arena. Sí es cierto que he perdido muchísimos amigos después de tener a mi hija, que me han hecho mucho daño y que he estado sola cientos de veces en mi vida, pero lo que es verdad es que las personas que de verdad me querían y me quieren siguen ahí, a mi lado, demostrándomelo día tras día, y espero que sigan aquí durante más tiempo.

Tener una hija me ha hecho darme cuenta de quiénes eran mis amigos de verdad y quienes sólo estaban a mi lado con conveniencia. Y es que, como siempre me ha dicho mi madre: Conocidos muchos, amigos pocos.

4 comentarios :

  1. No se si se ha enviado el comentario pero lo repito por si acaso. Que razón tiene tu entrada! Me ha encantado y te lo digo de corazon y con toda la sinceridad del mundo. Nunca estas sola, tienes a tu hija que seguro que te adora.
    En los malos momentos se ven los verdaderos porque los falsos, se van. =) Un besazo!! ^^

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  2. Lydia, a algunos les tocan enseñanzas antes y a otros, un poco más tarde. Lo tuyo tiene mucho mérito; esa capacidad de ser feliz y de compartirlo con los demás.
    Supongo que lo habrás pasado muy mal, sin embargo, la sensación general es la de la sonrisa y la esperanza, nunca la de ahogarse en un problema por grande que parezca o sea realmente.
    Es un placer leerte por aquí. Tienes mucha suerte al tener a Claudia a tu lado, y ella al tenerte a ti.
    ¡Un abrazo gigante!

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  3. Hola :) Yo tambien e sido madre adolescente me quede embarazada a los 17 y o tuve a los 18. Ahora tengo 19 años, me encanta tu blog si quieres tu tambien puedes pasarte por el mio www.lahistoriadeunaprimeriza.blogspot.com
    Besos

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  4. Hola! Me alegro qué tengas amigas qué te apoyan y hayas podido solucionar problemas con ellas, también qué tengas a tu madre apoyandote, espero te vaya muy bien en la vida y tengas un futuro brillante y lleno de felicidad, tu y tu preciosas beba. Un saludo <3!

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