1 de julio de 2014

Mi experiencia con un bebé prematuro.

Como ya sabéis la mayoría, mi hija fue prematura, nació con 32 semanas y 4 días de gestación es decir, 7 meses.
Nació prematura por una serie de problemas como disgustos, ansiedad, estrés... Y además, yo tenía inserción velamentosa del cordón umbilical, que también causa partos prematuros.
Al ser mi hija prematura y pasar por diversos problemas tuvo que estar ingresada en el hospital durante un mes. Estuvo 9 días en la UCI, y 20 días en Intermedios, otra sala donde están los niños menos graves.
Aquí os dejo los link donde podéis ver su paso por la UCI (Aquí) , por Intermedios (Aquí) , y cuando le dieron el alta (Aquí).


Siempre os he dicho que esa experiencia fue lo peor que he pasado en mi vida. Ese mes fue el más largo, el más duro, y el que más me hizo cambiar. Durante todo ese mes pasé de ser una niña a ser una madre, una madre que tenía que luchar por mi hija y por mí misma porque si no, me vendría abajo la primera semana. 
Un bebé prematuro es mucho más fuerte de lo que nosotras nos pensamos, pero hay que tener mucha paciencia, porque el proceso de recuperación y ganancia de peso es muy, muy largo y lento. Mi hija nació con tan solo 1.700 gr y tardó 4 semanas en ganar 300 gramos y salir del hospital.
Cuando ella estuvo ingresada todas las mañanas me levantaba muy temprano, me preparaba mi mochila donde metía todo lo necesario y me iba yo sola en tren y en metro hasta el hospital. Cuando entraba por la puerta se me hacía un nudo en el estómago, como cuando vas a ver a una persona que llevas años sin ver. No sabía cómo iba a encontrarme a mi hija, si iba a estar bien, si iba a seguir como siempre, o si iba a haber novedades. El pasillo que comunicaba con la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) se me hacía larguísimo, como aquellos pasillos de película que según vas avanzando se van haciendo más y más largos, pero una vez que entraba en la sala y veía a mi hija me aparecía una sonrisa. Por las mañanas era el momento en el que los médicos hacían las revisiones a los bebés, y yo cada mañana aprovechaba para preguntar qué tal iba mi hija y cómo iba de peso.
Cuando estaba en su incubadora no podía cogerla a no ser que las enfermeras de allí me diesen permiso, aunque había días que no podía cogerla ni un solo momento, y eso de pasarse horas frente a tu hijo y no poder cogerlo, ni tocarlo, y simplemente verlo a través de un plástico es algo que te acaba hundiendo anímicamente.
Cuando pasó a la sala de Intermedios ya no estaba en una incubadora, por lo que podía cogerla siempre que quisiese y todo el tiempo que quisiese y sí, me encantaba pasarme todo el día con ella pegada al pecho, sintiendo que tanto su corazón como el mío iban al mismo ritmo. Hasta que llegaban las 7-8 de la tarde, venía mi padre a buscarme, y me tocaba irme a casa sin ella. Todas las noches me acostaba pensando en cómo estará, en si estará bien, si ya estará durmiendo, cuántos días faltarán para que la den el alta… Y por las mañanas el pensamiento era el mismo. Cómo habrá dormido, qué tal estará esta mañana, si habrá mejoras o no… Un cúmulo de pensamientos y sentimientos dentro de mí, que estallaban cuando una noticia nueva aparecía.
Y es que la maternidad de una madre de un niño prematuro es muy diferente a la maternidad que todos conocemos. Una madre que tiene a su hijo a término, es decir, a las 40-42 semanas de gestación, lo da a luz, se lo ponen encima, lo abraza, no le separan de él en ningún momento, y a los 3-4 días si todo va bien ya están mamá e hijo en casa. Yo di a luz a mi hija y tardé más de 10 horas en verla, más de 15 horas en cogerla, y 4 semanas en poder llevármela a casa.
Lo primero que sientes cuando entras por primera vez a la UCI son nervios, no sabes nada de ese mundo y ni siquiera sabes por qué debes estar allí y no con tu hijo en la habitación del hospital. Cuando ves a tu hijo dentro de la incubadora, lleno de cables, de máquinas, y tan pequeño y frágil sientes miedo, mucho miedo, a la vez que alegría al saber que esa pequeña cosita de ahí es tuya, es tu hijo, y a partir de ahora será tu vida.
Según van pasando los días esos nervios se van quitando, pero llega la impaciencia, las ganas de llevarte a tu hijo a casa y de tener la esperanza de escuchar que tu hijo está mejorando, pero siempre tienes que estar preparada para escucharlo todo, porque los niños prematuros hoy están en lo más alto, y mañana cogen un simple resfriado y todo puede estropearse. Por eso mismo yo me volví tan frágil, tan débil, y tan llorona con cualquier noticia negativa que me daban. Vi muchos niños que empeoraban, que incluso morían, y no quería que mi hija pasase por eso.
Las horas en el hospital se hacen eternas, y lo mejor que debe hacerse es tener conversación con otras madres, mujeres que no conoces de nada pero que todas tenéis algo en común y celebráis cuando vuestros hijos suben de peso, aunque sean 10 gramos. También hay que aprovechar todo momento que tengas con tu hijo, practicando el piel con piel, quietos los dos, sintiendo su respiración y que él sienta la tuya.
Luego llega el momento más esperado, el día que te vas a casa con tu bebé. Ese día es un caos, llegas a casa y no sabes hacer absolutamente nada. Yo por ejemplo sentía miedo pensando que a mi hija podría pasarle algo. Allí en el hospital estaba monitorizada y cada vez que su respiración o sus latidos no eran normales la máquina pitaba, pero en casa no sabía si todo iba bien y me pasaba prácticamente las 24 horas del día observándola, poniendo mi mano en su espalda para saber si continuaba respirando de forma normal.
El crecimiento de un niño prematuro también es muy diferente al de un niño normal, hasta que a los 2 años se normalizan con los niños de su edad. Sientes impotencia al ver que otros niños de la edad de tu hijo hacen muchísimas cosas que tu hijo no hace, por el simple hecho de ir unos meses más atrasado que ellos. Tienes que estar con revisiones médicas de forma más frecuente, tener más vigilancia con su peso y su altura, y un largo etc.

Después de este año y medio siendo madre de una niña prematura me he dado cuenta de que estos niños son pequeños héores, ejemplos a imitar. Cada día te sorprenden con algo nuevo, tú misma te sorprendes al ver cómo luchan por avanzar, por recuperarse, y por salir adelante con todo y con una sonrisa desde bien pequeños. Te emocionas por cada pequeño avance, por cada gramo que cogen, por cada cosa nueva que hacen, por la mínima tontería como verle absorber un biberón él solo, vestido con un body, o con un cable menos. Empiezas poco a poco a ver la luz al final de ese túnel, hasta que llega el día en el que tu hijo ha demostrado ser fuerte y sale de todo ese mundo, del hospital, y dejas de ser una montaña rusa de emociones para ser una fuente de mimos y abrazos hacia tu hijo. Te dan un ejemplo de lo que debes ser porque, si ellos luchan, ¿tú por qué no?

Yo desde luego me siento muy orgullosa de todo lo que mi hija hizo, avanza, y consigue día tras día. 

5 comentarios :

  1. Hola Lydia :) Mi bebe aunque nacio a termino tuvo que estar desde que nacio en neonatos y yo no pude cojerlo hasta pasado un dia. Mi bebe nacio con una anomalia, nacio con agenesia de cuerpo calloso y ventriculomegalia y estubo en neonatos tres dias, cuando yo me fui a los tres dias me dijeron que le daban el alta provisional asi que me lo pude llevar a casa menos mal! Te entiendo perfectamentevpor lo del monitoreo ami me pasaba igual. Besitos, te espero por mi blog www.lahistoriadeunaprimeriza.blogspot.com

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  2. Hola guapa! Estoy haciendo un sorteo de dos productos MrWonderful. Es muy fácil participar, tienes que seguir las instrucciones del post en mi blog: www.thedreamers.com.es

    Besos

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    1. ¡Ohhh! ¡Que ilusión! En unos días publicaré la entrada entonces. ¡GRACIAS GUAPA!

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  4. Hola, eres mami soltera o estás con un.chico? Verás yo....me he quedado.embarazada estoy de 6 meses y mi novio me ha literalmente abandonado, se ha olvidado.de.que existo y es.que nose.que hacer.porque.mis.padres no apoyan lo mio y estoy fatal, necesito apoyo

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